Luego de un año en el que la adopción de la nube alcanzó incrementos exponenciales, las empresas que quieran seguir aprovechando esta tecnología para sostener un diferencial competitivo deben ampliar la mirada y volcarse hacia un modelo cloud-smart: un corolario natural y necesario al proceso de migración masiva hacia la nube acelerado por la pandemia. 

En efecto, el COVID-19 permitió a muchas empresas corroborar los beneficios que la nube llevaba prometiendo desde hacía años: control de costos, escalabilidad y flexibilidad sin límites, la posibilidad de acceder a los datos y las aplicaciones en cualquier momento, desde cualquier lugar y con cualquier dispositivo, una latencia cada vez más baja gracias a la evolución de las tecnologías de conectividad y a un despliegue cada vez mayor y, lo fundamental, la agilidad clave para garantizar la continuidad del negocio bajo cualquier circunstancia (incluso, como quedó a la vista, las más complejas). 

Si bien muchas empresas debieron apelar a la nube por necesidad o por obligación, la persistencia de los buenos resultados fue clave para que se decidieran a desarrollar una visión estratégica: por eso no llama la atención que la consultora de mercado IDC haya detectado que en el mundo pospandemia el 90% de las organizaciones funcionará bajo un esquema cloud-first. Esto significa que ya no se evalúa qué se sube y qué no a la nube, sino que el negocio mismo se fundamenta sobre esta tecnología. La misma consultora determinó que solo en Latinoamérica el crecimiento de la infraestructura en la nube se verá en todos los segmentos para este año: 29,4% en infraestructura como servicio, 36,9% en plataforma como servicio y 19.9% en software como servicio. 

En este incremento de madurez, la idea de multicloud gana cada vez más fuerza: ¿Por qué limitarse a tener todo en una única nube privada o contratar una nube pública si es posible seleccionar múltiples nubes, cada una de acuerdo a su área de mayor experiencia o de mejor desempeño? Así, si un proveedor de nube está especializado en almacenamiento y otro en la performance de las aplicaciones, se puede obtener lo mejor de cada uno. Una estrategia multicloud aporta numerosos beneficios: desde una flexibilidad absoluta hasta una optimización total de las cargas de trabajo, pasando por la optimización de la ecuación costo-beneficio. 

Una consideración aplicable a cualquier migración de datos a la nube es asegurarse de que se consideren las necesidades del negocio a largo plazo. No tiene sentido limitar el crecimiento por estancamiento debido a una mala elección de proveedor cloud. Las organizaciones pueden llevar cargas de trabajo específicas a una plataforma o moverlas a donde puedan aprovechar los mejores precios y términos negociados para los requisitos dados. Además, un enfoque que permite el acceso simultáneo a otras nubes también facilita una transferencia sencilla y un cambio casi instantáneo entre clouds en caso de que sea necesario, por la razón que fuera, cambiar de proveedor. 

Las empresas se encuentran ahora ante esta posibilidad de escalar hacia un nuevo nivel y aprovechar la nube para diferenciarse en el mercado. En ese camino, es fundamental contar con un acompañamiento especializado que sepa analizar las oportunidades, dividir las necesidades, evaluar el retorno de la inversión (ROI) y elegir las mejores formas de implementación para garantizar que los servicios se ejecutarán de forma óptima, sin gastos ni contrataciones innecesarias. Así, se habrá subido un nuevo peldaño: el de ser una empresa cloud-smart.

 

Jon Paul "JP" McLeary

Autor:
Marcela Cueli
Directora de Producto
Lumen LATAM

Disponible en Português (Portugués, Brasil)